Parranda de lujo en cárcel de Itagüí: concierto, licor fino y cabecillas celebrando tras las rejas

📍 Itagüí, Antioquia | Lo que debería ser un centro de reclusión terminó convertido en escenario de fiesta. Una parranda vallenata de alto nivel, con artista incluido, licor costoso y decenas de invitados, desató una fuerte polémica tras conocerse que se realizó dentro de la cárcel La Paz, en Itagüí.

Sí, dentro de una prisión.

De patio carcelario a tarima privada

La celebración, que habría tenido lugar en el patio 1 del penal, incluyó un concierto del reconocido cantante vallenato Nelson Velásquez, además de comida tipo catering y bebidas que distan mucho de lo que se esperaría en un centro penitenciario.

Testimonios aseguran que el ambiente fue más cercano al de una fiesta privada que al de una cárcel de máxima seguridad: música en vivo, brindis y una logística que, según denuncias, habría costado cientos de millones de pesos.

Los protagonistas: cabecillas en “modo celebración”

En el evento no estaban precisamente reclusos comunes. Entre los asistentes figuraban cabecillas de estructuras criminales del Valle de Aburrá, varios de ellos vinculados a los diálogos con el Gobierno bajo la estrategia de “paz total”.

La fiesta, según versiones, habría sido una especie de despedida anticipada ante la posible salida en libertad de algunos de estos voceros. Un detalle que ha encendido aún más el debate: ¿celebrando beneficios mientras siguen tras las rejas? ¿Quién dio el permiso?

La gran pregunta sigue sin respuesta clara. ¿Cómo ingresó un artista reconocido? ¿Quién autorizó el licor, la comida y la presencia de invitados externos?

Las críticas no tardaron en estallar, especialmente desde sectores políticos que cuestionan lo que consideran un exceso de privilegios en medio del proceso de negociación con estructuras criminales.

Mientras tanto, el silencio oficial solo le pone más tensión al tema.

Entre la paz y los privilegios

El episodio vuelve a poner bajo la lupa la estrategia de “paz total”, en un momento en el que el país ya debatía los beneficios otorgados a estos cabecillas.

Para muchos, lo ocurrido en Itagüí no es solo una fiesta: es una señal preocupante de hasta dónde pueden llegar las concesiones dentro de este proceso.

Y la pregunta queda en el aire: ¿esto hace parte de la construcción de paz… o de una peligrosa permisividad?

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