📍 Medellín, Antioquia | Hace pocos días, un perro fue abandonado frente a la Biblioteca de Robledo San Germán. Alguien lo dejó amarrado al lugar con una cobija, un bozal y una nota. Como si esos objetos pudieran reemplazar lo más básico: la responsabilidad y el amor.El animal permanecía inmóvil, esperando a quien nunca iba a volver.
Por fortuna, una ciudadana no fue indiferente. Su llamada y la rápida articulación institucional permitieron que funcionarios del Centro de Bienestar Animal La Perla llegaran al sitio y lo pusieran a salvo.Este no es solo un caso más. Es el reflejo de una ciudad que aún tiene deudas con quienes no pueden alzar la voz. Abandonar a un animal no es un gesto de compasión, es un acto de crueldad silenciosa que deja huellas profundas.
Hoy ese perrito está a salvo, pero la pregunta queda en el aire:¿cuántos más tienen que ser dejados atrás para que entendamos que adoptar también es un compromiso de por vida?
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